lugo

LUOGO COMUNE

Instituto Cervantes. Palermo, 2025

Un lugar común es una idea, una expresión o una creencia que está ampliamente difundida y compartida por una comunidad, a menudo hasta el punto de considerarse banal, evidente o estereotipada.

La frase adquiere un significado distinto y opuesto en la obra de Andrea Di Marco y Andrés Aparicio: es decir, un lugar, Palermo, en el que sus investigaciones se encuentran y se entrelazan, porque ambos descubren en la ciudad un depósito de imágenes cifradas, imágenes grabadas en el tejido urbano —como los grafitis prehistóricos, por así decirlo— que permanecen sepultadas e invisibles si no se les presta la debida atención, si no se practica una observación lenta y minuciosa.

En este sentido, los dos pintores actúan como arqueólogos: excavan, eliminan lo superfluo para aislar la imagen pura, que pierde su significado original para convertirse en signo. Y así, los objetos abandonados dejan de cumplir su función utilitaria y se transforman en desechos, hasta que son vistos y aislados en el espacio sagrado de la pintura, donde se condensan en el umbral de la iconostasis, transformándose en punto de encuentro entre el espacio físico y el metafísico, entre el sueño y la vigilia, entre lo sagrado y lo terrenal.

En la instalación, sabiamente concebida por Aparicio, la estructura de madera sobre la que se revelan sus obras asume la doble función de expositor y de contenedor de la obra de Di Marco, activando entre ambos un diálogo intenso hecho de líneas, signos, fragmentos y coordenadas espaciales que describen, a través de dos formas distintas de entender la pintura, un mismo lugar: el lugar común.

Fulvio di Piazza



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