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SOMBRAS DE BESTIAS Y COCHES

Beca Iniciarte. 2025.
Museo Provincial de Jaén

En una entrevista reciente, a propósito de la publicación de su ensayo La ciudad sin imágenes, Juan Gallego Benot afirmaba que «el problema de la ciudad no es que cambie mucho, sino que amenaza con no cambiar nunca, amenaza con quedarse tan petrificada que puede encerrarnos en ella». Denunciaba de esta forma el carácter lampedusiano del urbanismo del siglo XXI: «Estéticamente se simula un cambio, se reviste constantemente, pero precisamente todo lo que esa estética del cambio está ocultando es un inmovilismo brutal».

La ciudad y sus imágenes, sombras de bestias y coches, la velocidad como un velo que traviste la realidad de un urbanismo a veces feroz, siempre frágil. Con actitud de flâneur, el artista onubense Andrés Aparicio —en uno de los cinco proyectos seleccionados en la convocatoria 2024 del programa Iniciarte— está decidido a señalar y rescatar del olvido —a través de su pintura— los indicios de la ciudad que pudo ser. Aparicio elige la pintura como testamento y alarma, como un dispositivo lineal entre un pasado a punto de desaparecer y un futuro que asoma como un fantasma. Sus trazos constituyen un mapa para la memoria colectiva y un acicate para la utopía.

En Sombras de bestias y coches, el artista construye un entramado laberíntico de signos que son familiares al espectador común, pero que, insertos en su discurso, constituyen una historia nueva, como si los restos escondidos que su mirada selecciona y atrapa adquirieran voz, y se rebelaran contra la dictadura de una ciudad que ya no les pertenece. Este énfasis en los símbolos urbanos como indicios de lo que ocurre en la sociedad está en el centro del ensayo La Ciudad Genérica de Rem Koolhaas, en el que el arquitecto holandés señala cómo las imágenes y los medios de comunicación transforman la percepción y la experiencia de los ámbitos urbanos. «La visualización juega un papel crucial en definir el carácter y la identidad de las ciudades».

La coherencia del trabajo de Andrés Aparicio queda patente no sólo en sus argumentos estéticos, sino también en los procesos. Su relación con la carpintería artesanal le permite conocer las estructuras y volúmenes que contribuyen a concebirnos como seres gregarios y trazar de esta forma un relato que va desde la pintura al soporte de la madera, para ofrecer una nueva corporeidad a las instantáneas de una ciudad que languidece. Asoma, tal vez, como corresponde a la esperanza de su juventud, el sueño de la ciudad que aún puede ser.

Lorena Codes Romo

Directora del Instituto Andaluz de las Artes Plásticas y Visuales



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